Dia en la vida de un funcionario

Esta historia es real, abstenerse gente trabajadora y aplicada en su jornada laboral.

De lunes a viernes hay toda una odisea en la vida de un funcionario. El lunes, el via crucis de estos portentos de la naturaleza, es el más duro. A las siete y media suena el despertador. Piensan: «coño, que llego tarde a fichar y el jefe me echa la bronca, haré el esfuerzo». Asi pues, una vez levantado y aseado y sin legañas, se dirige a su puesto. Allí le toca lidiar con el público en general. A primera hora del día, ni de locos van a trabajar al cien por cien. Si tiene que hacer papeleos, todo puede esperar, ya que: ¡quien no se encuentra de mal humor al levantarse!. Si preguntan por algo, no hay que calentarse la cabeza: «pregunte al de al lado, el está mejor informado». Si hay que hacer fotocopias, nunca se harian si no es extrictamente necesario. Si llaman por teléfono, hay que cerciorarse si son jefes o gente de fuera, usease, pa´ cogerlo o no. ¡Bendito sea el identificador de llamada!. Y despues de tanto agobio …. ¡la hora del almuerzo, joder! Son las 11 30 y toca lo que llevas deseando toda la mañana, la media hora de almuerzo. Y como no, toca poner verde al jefe y al que no ha venido, es menester en la burocracia. Y sin darse cuenta, se hace la 1 de la tarde …. «Que rápido se han pasado los minutos», «vayamos al puesto no sea que nos echen la bronca». Y cuando llegas, sin ganas ni nada, ves como pasan los minutos hasta las dos: «Cerrado el chiringuito hasta mañana, no nos pagan horas extras, vuelva usted mas temprano». Se ponen tranquilamente a cambiarse, a terminar funciones y para casa, que aun quedan cuatro dias de duro trabajo y no sabes como encajarlo.

Y para terminar, y como dice la primera ley del funcionario … Si no estás a gusto, baja por depresión, no sea que no rindas en condiciones en un puesto tan necesariamente necesario.

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